Ir al contenido principal

Me temía que llegara este momento

El año comenzó y con él una serie de metamorfosis en mi sistema. Sin saber que hacer, que decir o que pensar, me dispuse a dejarme llevar por la vorágine cotidiana.

De modo que al final, he descubierto que ni estoy enamorada, porque sí, ya hay que llamar a las cosas por su nombre: capricho; y tampoco estoy enloqueciendo, solo estoy llegando a un punto al que tuve miedo de llegar: al final de esta faceta.

Con tiempo libre, decidí ponerme al día con alguna serie, quizás ver los capítulos que no he visto de Dragon Ball Super, ¿adivinen qué? Intenté verlos, pero no pude, ya no me entretiene. Y no significa que este inmersa en la amargura, es solo que mis intereses han cambiado y resulta increíble haberlo notado por esa serie.

Quise volver a huir, porque es lo que mejor sé hacer, mi salida fácil: escapar de la ciudad por semanas y volver aparentando que nada ha pasado, pero ahí sigue todo. Es cansino siempre irme de la ciudad para una falsa zona de confort, claro, viajar (a otra ciudad o estado) es una de mis actividades predilectas, sin embargo como pretexto para eludir los problemas no es la mejor solución.

Y sí, admito que he sido una obstinada en casi todos los aspectos, siempre con mis dudas existenciales, juzgando a otros cuando lo único que tenía era terror de aceptar que yo misma me he buscado los problemas. 

En este punto, considero que no es sano aferrarse a una idea, aferrarse a quedarse con una persona o actividad, si un plan no resulta habrá un sinfín de posibilidades al final del día. Aprender a dejar ir, esa ha sido mi lección, no idealizar ni al mundo ni a las personas. Sobre todo aceptar que la mayoría de las veces es el propio miedo el que nos hace seguir lastimándonos, es la inseguridad de la pérdida la que nos hace vivir entre amargura.

Tenemos miedo de vernos a nosotros mismos y, sin que se trate de narcisismo, aprender a apreciar cada detalle de nuestra persona, amarse a uno mismo para después ser capaz de amar a otros. Yo misma me sorprendo de mis palabras, pero en ocasiones se necesita caer tan bajo para apreciar la superficie.

Así que hoy me dedicaré a saludar a mis amigos y amigas especiales, sin esperar respuesta, saludaré a esa gente especial que por una u otra razón se ha cruzado en mi camino. 

Y sí, me temía que llegara el momento de abandonar mi escondite y ser yo misma sin recurrir a ninguna careta...

Ahora me voy a escribir!

Tomada a miles de kilómetros de Tijuana...

Au Revoir!!

Comentarios

  1. El tiempo nos va transformando, lo que nos gustaba ayer, hoy no y mañana nos sorprenderemos por nuevos gustos.

    Saludos

    ResponderEliminar
  2. ¡Vaya! En qué momento regresaste, y por qué no andaba yo por estos rumbos.. ¡gracias por pasar! :)

    ResponderEliminar
  3. Has hecho una buena reflexión de ti. Lo que me parece envidiable es que tienes una libertad de movimiento que pocos humanos poseen.
    Saludos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario